lunes, 10 de septiembre de 2007

Café de Perú

El café especial de exportación se siembra en alturas de Chanchamayo

Agricultores de esta provincia dejaron viejas prácticas de cultivo para lograr un producto codiciado en el exterior
gracias a modernas técnicas

María Elena Castillo. Enviada especial

Ernesto Torres Rocha llegó a Chanchamayo en la época en que el café se cultivaba de manera artesanal, sin mayor técnica. "Sembrar, cosechar, fertilizar, secar, y entregar, era el circuito completo. No importaba nada más. Ahora es distinto. Cambiamos el café convencional por los especiales, y es mejor", asegura sonriendo.

Con paso lento pero firme recorre las cinco hectáreas que tiene su parcela, en el caserío La Florida –por encima de los 1000 msnm– la que ha ido transformando para obtener un café de calidad. "Es toda una técnica. Pero lo bueno es que nos estamos capacitando, porque antes no sabíamos", cuenta.

Él es uno de los mil 200 socios que tiene la Cooperativa Cafetalera La Florida en la provincia de Chanchamayo, Junín, muchos de los cuales optaron por abandonar la producción convencional para ingresar al mercado de los cafés especiales, que está destinado principalmente a la exportación.

"No ha sido fácil", afirma Ernesto. "Hemos tenido que aprender las técnicas. Y en eso nos ayudaron los asistentes técnicos e ingenieros que trajo la cooperativa. Ellos nos explicaron la importancia de renovar los plantones, de usar abono natural, cosechar apenas madure el grano, secar en tendales. Ahora podemos decir que nuestro café es realmente natural, un producto orgánico", dice orgulloso.

No es el único. El ingeniero Enrique Castañeda, a cargo de la parcela demostrativa de la cooperativa, confirma que el proceso no ha sido fácil, pero la tenacidad de los pequeños agricultores cafetaleros lo ha hecho posible. Sin embargo, el reto ahora es trabajar para mejorar la capacidad de producción.

"Hay que adecuar las técnicas al nivel socioeconómico del agricultor en cada zona. Por ejemplo, si aquí le quieres imponer un sistema como el de Villa Rica, donde la tecnología permite sacar 45 quintales por hectárea, el productor no podrá aplicarla".

La experiencia le ha demostrado además, que el agricultor "es como Santo Tomás, ver para creer". Por eso, junto a un equipo de técnicos, está abocado a la implementación de una parcela demostrativa de 40 hectáreas en las partes altas de La Florida. "De esta manera los agricultores al verla dirán: yo quiero hacer eso", señala mientras nos enseña la parcela.

"Uno de los problemas es que las plantaciones son muy antiguas y no deben tener más de 15 años, pero no se puede tirar todas las plantas, así que aquí les explicamos cómo podar para que se formen tallos nuevos y cómo colocar una barrera con erhytrina, que es una leguminosa que incorpora nitrógeno de forma natural", explica entusiasmado.

" Y así, poco a poco, cuando estas plantas crezcan y se boten las antiguas, tendremos una parcela más ordenada", agrega.

Pensando a lo grande

Castañeda señala que este proyecto está vinculado a otro destinado a concretar un crédito supervisado para los pequeños agricultores organizados que decidan mejorar sus fincas. "Ellos tendrán las herramientas, el abono, todo, y lo pagarán luego con la cosecha".

De esta manera se conciliará la teoría con la práctica, generando un beneficio para los pequeños agricultores. "Hasta ahora muchos están acostumbrados a sacar y sacar, pero con este esquema sus fincas tendrán erhytrina, frijol de palo, guaba, árboles maderables, etc", afirma el ingeniero.

La meta es alta. En el país hay unas 330 mil hectáreas de café, y, según Castañeda, la mitad tienen plantaciones mal manejadas. "Queremos presentar este modelo a alguna institución como el Banco Mundial o el BIF. Si lo logramos podremos cambiar 100 mil hectáreas de café. Pero para eso necesitamos 200 millones de dólares".

En el proyecto trabajan técnicos agropecuarios que al mismo tiempo son cafetaleros, pues sus familias tienen parcelas de café.

El supervisor del grupo, Edgar Romero Molina, es hijo de uno de los socios de la cooperativa La Florida, formado en el centro de capacitación de esta misma institución. "Mi familia aplica estas técnicas en nuestra parcela, y también lo han hecho mis vecinos. Pronto veremos los primeros resultados", asegura. "Porque somos técnicos de calidad produciendo café de calidad", añade, repasando su lema.

Desde abajo

gual de orgullosa se siente Gladys Baltasar Surichaqui, también técnica agropecuaria que trabaja en el proyecto. En su parcela también están sembrando la erhytina, y pronto empezará a sembrar el "palo peruano", que es uno de los productos maderables.

Ambos se sienten felices de colaborar en el desarrollo de la caficultura en su zona. Nacieron entre cafetales y han vivido la época de la producción empírica y del café convencional. Y pueden dar fe del cambio positivo que ha traído a sus familias la producción de cafés especiales. Ahora su objetivo está orientado hacia la productividad.

Calidad antes que cantidad

La caficultura orgánica llegó al Perú hace una década y hoy cerca de 45 mil familias la emplean como medio de vida. El presidente de la Junta Nacional de Café, César Rivas, señala que los cafetaleros optaron por los cafés especiales como única forma de competir con Brasil y Colombia. "Nuestra estrategia fue buscar la diferencia. Porque sabemos que no podemos competir por volumen, sino por calidad".

Los resultados ya se están empezando a advertir: el Perú es primer productor de café orgánico a nivel mundial, con más de 90 mil hectáreas certificadas y una producción de un millón 200 mil quintales por año. Todo un logro.


http://www.larepublica.com.pe/content/view/177110/30

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