lunes, 21 de enero de 2008

Café de Colombia

Preocupación cafetera

Son necesarios mecanismos efectivos de protección àra la caficultura nacional

Mientras que las exportaciones de café colombianas llegaron a 1.900 millones de dólares el año pasado, una cifra que no se veía desde hace 10 años, y las cotizaciones internacionales en bolsa llegan a 1,40 dólares por libra, alcanzando niveles también récord en los últimos años, paradójicamente el panorama para los cultivadores en este año que se inicia es incierto.


El 2007 fue un año de buenos precios internacionales de café gracias a que la oferta mundial del grano no alcanzó a atender totalmente la demanda y se tuvo que echar mano de las existencias en inventarios para atender el mercado. Sin embargo, la revaluación del peso colombiano no permitió que los productores se beneficiaran como se esperaba de la buena situación de precios.

A la hora de hacer los balances de la actividad cafetera durante el año anterior, no son pocos los cultivadores que terminaron con cifras en rojo y muchos con niveles de rentabilidad que no compensan el valor de la inversión en los cultivos ni el esfuerzo por mantener y administrar adecuadamente sus fincas. Y es que además de la revaluación, la escasez de mano de obra y el incremento en el valor de los abonos e insumos encareció notablemente el cuidado y recolección de las cosechas.

El aumento de precios en los fertilizantes está llegando a niveles críticos. Mientras hace unos años con el valor de la venta de una arroba de café seco se compraban tres bultos de abono, hoy alcanza solo para el 80% de un bulto. En los últimos tres meses el costo de los fertilizantes más comunes, urea y producción, se ha incrementado en más de un 30%. Si pensamos que la compra y aplicación de abonos puede ser fácilmente el 20% de los costos anuales de una finca, estos incrementos harán inviable una adecuada fertilización de los cultivos, con la consecuente disminución de las cosechas y por ende de la productividad de las fincas.

La escasez de mano de obra es otro factor de preocupación que amenaza la caficultura. El año pasado la recolección del café costo más de 300 pesos por kilo, sobrepasando incluso niveles de 350 pesos en algunas zonas, lo que equivale hasta un 40% del precio de venta del grano, cuando lo tradicional era que representara un 30% de ese valor.

Con el llamado AGC, o ayuda del gobierno para los cafeteros, no ha pasado nada, y no lo ha hecho porque el mecanismo de intervención de la ayuda está diseñado para ser efectivo cuando los niveles de precios bajen de un valor al que por fortuna no se ha llegado. Es decir que según los cálculos oficiales todavía estamos frente a una actividad rentable y por lo tanto todavía no es necesario ayudar a los llamados cafeteros empresariales.

Si bien hay que celebrar y acompañar los esfuerzos y ayudas del gobierno y de la Federación de Cafeteros a través del programa para que los pequeños cafeteros renueven sus cultivos y tengan parcelas más eficientes y productivas, no hay que olvidar que son los cafeteros empresariales los responsables de más del 80% de la producción nacional, además de ser los principales empleadores agrarios del país.

Ahora son necesarios mecanismos efectivos de protección para la caficultora nacional. La propuesta de un dólar diferencial para el café es atractiva, pero impracticable. Créditos con bajas tasas de interés ayudan, pero no son suficientes. La actual encrucijada para el cultivo más importante, tradicional y generador de empleo del país requiere de subsidios directos a los productores por diferentes vías para que cuando se supere el cáncer de la revaluación del peso haya todavía cafetales en los campos colombianos.



http://www.lapatria.com/Noticias/ver_noticia.aspx?CODNOT=30297&CODSEC=12