lunes, 13 de julio de 2009

Café de Nicaragua

Dipilto: La excelencia en el café

“Fue una bendición de Dios”, exclaman con alegría varios caficultores de Dipilto, Nueva Segovia, que al igual que doña María Amparo Castellanos Paguaga, obtuvieron los lugares cimeros en el certamen de Taza de la Excelencia. Todos están en la misma zona, el cerro El Volcán, cuya naturaleza, junto al esfuerzo diario por desarrollar un cultivo que forma parte de la economía de Nicaragua, produce un café de muy alta calidad

Casi siempre que se vuelve una mirada al cerro El Volcán --1,876 metros sobre el nivel del mar--desde el asfalto de la Carretera Panamericana que va en paralelo al Río Dipilto, se ven brumas agitadas sobre su cima que rebalsan sobre el verde-oscuro de sus faldas por la espesa vegetación; quizás de esto surgió la toponimia de su nombre, porque da un parecido a los altos conos de la zona del Pacífico.

Junto a esta imponente altura, que ha creado suspicacia por una capa en deslizamiento desde el paso del huracán Mitch a finales de octubre de 1998, sobresalen La Tablazón y Las Nubes que despliegan la cordillera Dipilto-Jalapa, poblada también de pinares.

Forman un gran recodo en la topografía del municipio que, como un regazo, alberga a decenas de pequeños caficultores y, por supuesto, aquí está el mejor sorbo de una taza de café del país, de excelencia y mejor pagado uno de los mejores pagados en el mercado internacional. Para estar aquí, se recorren unos 17 kilómetros de Ocotal, la mayor parte, por la Carretera Panamericana.

La mayoría de ganadores estan aquí

En este fresco y brumoso paisaje neosegoviano está la finca La Esperanza, propiedad de doña María Amparo Castellanos Paguaga, ganadora del Primer Lugar en el Certamen Taza de la Excelencia 2009, celebrado en la ciudad de Estelí, en junio pasado, alcanzando una puntuación de 92.75 y un valor de 3 mil 105 dólares el quintal (45.45 kilos) en la subasta electrónica del 2 de julio.

Aquí mismo está el segundo lugar de 91.83 puntos, logrado con el grano que cosecha don José Efraín Espinales en su finca El Recuerdo. Y en el grupo de los 26 finalistas, se encuentran en este paraje dipilteño, los caficultores Domingo Herrera, Donald Roque, Andrés Figueroa, Estela Mendoza, entre otros.

“Es una gran bendición del Señor”, exclamó doña María Amparo porque los excedentes que se logren con estos reconocimientos internacionales, vendrán a compensar las dificultades económicas que atraviesan, principalmente, los pequeños productores.

En ocasiones anteriores su finca había participado, pero sin suerte porque no logró ubicarse en el grupo de los 25 que alcanzan la mayor calificación, “pero esta vez el catador del beneficio Segovia (de Ocotal) que nos valoró la muestra para ir a la competición, nos informó de las fuertes posibilidades de alcanzar algún lugar”, cuenta Marín Martínez.

Destino del grano será Japón

Reconoce que fue una sorpresa, porque competían con una variedad que nunca había logrado convencer a los más respetados gourmet nacionales y extranjeros.

Su hijo, Héctor Marín Castellanos es el administrador de la pequeña finca de 15 manzanas, cultivadas con las variedades de arábiga, bourbon, caturra y malacaturra. De esta última tiene 5 manzanas, la mitad en cosecha que arrojaron los 27 quintales a embarcar para la empresa Hiro Coffe de Japón que martilló con el mejor precio durante la subasta. El malacaturra es poco preferido en la zona, porque da la impresión de ser poco productivo que las demás variedades tradicionales, debido a que sus ramas cargan menos frutos. Sin embargo, la familia galardonada, piensa que los rendimientos son similares.

Por lo común, explicó Héctor, la productividad por manzana oscila entre 20 y 25 quintales, sea de cualquier tipo. “Experimentamos que una libra de malacaturra en pergamino es de unos 800 granos, en tanto, que de los demás, es de mil, entonces, es igual. La diferencia está en el tamaño de la uva”, apunta.

Un gran respiro

La Esperanza fue fundada por su esposo, don Tomás Marín Martínez, hace 25 años, en un sitio que eran unos tacotales, es decir, laderas descombradas. Ahora el lugar está poblado con la sombra de distintas especies latifoliadas, frutales y musáceas, al tiempo que se desarrolla una fauna libre de amenazas, porque la caza de animales está prohibida.

La vegetación asimismo resguarda los afluentes del río que provee agua potable a una población de 46 mil habitantes que aglutinan Dipilto y Ocotal.

Marín Castellanos explicó que por la venta de los 27 quintales, su mamá recibirá, realmente, un poco más de la mitad del valor, por las reducciones que aplicarán los organizadores del evento, la Asociación de Cafés Especiales de Nicaragua, ACEN, y a la empresa de secado y trillado de Ocotal, a la misma que habían comprometido la venta del valioso grano.

“Pero sentimos una gran satisfacción, porque ahora que somos asociados de ACEN, nos ayudarán a buscar una empresa (en el mercado internacional) que nos contrate de manera permanente la compra de las cosechas anuales”, expresó la caficultora dipilteña.

Los recursos de la venta, lo invertirá en la mejora de la finca para hacerla más productiva, en el equipamiento del beneficio húmedo, y por supuesto, afirma, “mejorar la calidad de vida de 7 personas que componen su familia”.

Sobre las características que dieron al producto en el certamen, recordó que una japonesa les dijo que tenía un aroma a jazmín y sabor a frutas tropicales; además, que era el mejor café que ella ahora había probado, lo que lo elevaba a la categoría de calidad presidencial.

El nuevo diario al pie de El volcán

EL NUEVO DIARIO entreabrió el follaje verde de los surcos del cafetal La Esperanza, en compañía de su propietaria. Los racimos del grano verde, ahora muy valiosos, asoman entre las ramas. Es un intrincado terreno, por arriba, en las copas de los árboles, bandadas de pájaros vuelan entre el follaje con su incesante trinar y en una hondonada del mismo sitio, susurra cristalina la corriente de una quebrada.

“Ahora, vamos a escoger a los mejores cortadores, porque como productores sabemos quiénes lo hacen bien y quiénes lo hacen mal. Vamos a pagar un mejor precio por lata cortada (el cubo de medida), para que nos cuiden las plantas”, prometió el administrador de la pequeña parcela, junto a su mamá. Doña María Amparo agregó que por voluntad de la familia han entregado todos los años un incentivo a sus trabajadores, y ahora que tienen la excelencia del café, con mucha más razón. Aquí se generan 25 empleos temporales por tres meses que dura la zafra, y 4 son permanentes para realizar las labores agrícolas que requiere el cultivo de lujo.

“Reconocemos que sin los trabajadores que nos ayudan en la finca, no podríamos hacer nada, pero ahora (con el galardón) tenemos pensado incentivar a los más antiguos. A uno de ellos, le regalaremos un pedazo de terreno para que haga su casa”, anunció.

El concurso fue creado por Alliance for Coffee Excellence, ACE, una organización sin fines de lucro con sede en los Estados Unidos. Es el octavo certamen que se celebra en Nicaragua, según el presidente de ACEN, José Bárcenas.

El café llegó a la zona a inicios del Siglo 20, y según relatos históricos fue una familia de apellido Vanegas que inició el cultivo de los primeros cafetos, en la comarca de Brujil, sobre el borde fronterizo con Honduras. En antaño, por aquí había un camino real para pasar al vecino país, principalmente a la ciudad de El Paraíso.

Lo que correspondía al área de la subcuenca del río Dipilto, eran montañas inhóspitas, que comenzaron a ser descombradas por familias hondureñas que se establecieron aquí, unas de manera natural, y otras impulsadas por los conflictos políticos que han salpicado la historia de Honduras. Junto con familias ocotaleanas se dedicaron al cultivo del café, un rubro que demostró ser parte fundamental de la economía del país.



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