miércoles, 20 de febrero de 2008

Café de Costa Rica

Cafetaleros ticos por "la libre”

En algunas haciendas contratan sin control y eso deja en desventaja a inmigrantes nicas, pero en otras reciben más beneficios de los previstos, como en Aquiares, donde hay tres campamentos con cuartos seguros y dos comedores

Es falso en parte que el corte o recolecta de café en Costa Rica sea una actividad ordenada que garantiza todos los derechos laborales a los braceros que se emplean en ella. Es más, es una actividad que en muchos casos se maneja “a la libre”, porque capta a miles de trabajadores ilegales o con visas de turista que no gozan de la totalidad de sus derechos, sobre lo cual el Ministerio de Trabajo no ejerce un verdadero control, reconoció Johnny Ruiz, director de Migraciones Laborales de esa institución.

“A la libre”, según el empresario cafetalero Francisco Flores, significa que hoy llega una persona a la finca a cortar el grano y al final de la jornada recibe cierta cantidad de dinero por cajuela (equivalente a una lata) recolectada, pero el patrón o administrador no sabe siquiera cómo se llama su peón.

Tampoco el patrón sabe si es el mismo que ayer estuvo en el cafetal o es un trabajador nuevo que quizás mañana no regresará, salvo si ha permanecido determinado tiempo en el albergue del plantel, pues estando allí su estadía es más prolongada, según verificó LA PRENSA en dos fincas costarricenses.

Flores es un de los propietarios del beneficio cafetalero La Guaria, ubicado en San Rafael de Poás, en la provincia de Alajuela, donde en tiempo de cosecha se emplean alrededor de 150 obreros diario, casi todos nicaragüenses.

Esta finca se parece a muchas ubicadas en el Valle Central del país, donde el empresario evita gastos al no brindar derechos a los peones, como ocurre en otras haciendas.

SIN SEGURO Y PAGAN LUZ

Aquí, a los trabajadores no se les brinda seguro social, reconoció Flores al justificar que sólo pagan una póliza colectiva de transporte para evitar tragedias, como la ocurrida en la zona sur de Costa Rica en el 2006, donde tres recolectores nicaragüenses fallecieron mientras regresaban al albergue después de la faena, en un camión que no tenía permiso para tal fin.

“Es que hoy un ‘cogedor’ (recolector) está y si quiere mañana no regresa. Después vienen otros y luego se van. Por eso no se les puede dar seguro, no habría control. Si alguien se enferma, tiene cerca el pueblo donde hay puestos de salud y lo atienden”, justificó.

“Aquí la ‘cogida’ (recolecta) se maneja a la libre, diría yo. Lo que uno como patrón sabe es que hay alguien ‘cogiendo’ café y se le paga al día por las cajuelas que hace”, insiste.

En La Guaria tampoco se les garantiza hospedaje a la mayoría y los pocos que han logrado permanecer en pequeñas viviendas de la finca tienen que compartir el pago por el consumo de energía durante el tiempo de recolecta, así como los que quedan pendientes de los meses que no hay cosecha.

“Es lo que uno no se explica. Entiendo que uno pague lo que consume, pero los recibos rezagados no hay por qué”, se quejó el nicaragüense Javier Corea, originario de León.

Él fue uno de los pocos afortunados que logró encontrar albergue en una covacha, pues la mayoría de recolectores vive en la pintoresca ciudad de San Rafael, ubicada a pocos metros del beneficio y que diario son trasladados peligrosamente en un camión hacia el cafetal.

“Yo ando aquí porque estaba sin trabajo. Pero hoy (un sábado) sólo hice siete cajuelas y son 4,900 colones (cerca de diez dólares, a razón de 700 colones por cajuela); eso no es mucho dinero porque la vida en Costa Rica es cara”, agregó.

COVACHAS INSALUBRES

La finca de Mariana Rodríguez, ubicada en Santa Rosa de Heredia, es otra donde a los cortadores no les otorgan facilidades para realizar su trabajo.

Aquí los obreros se hospedan en condiciones infrahumanas. Las parcelas que integran todo el plantío se ubican sobre la carretera entre Santa Rosa y Heredia, cerca de la capital costarricense.

Los dueños construyeron una serie de cuartos con tabla y zinc, donde en temporada alta se hacinan hasta 30 nicaragüenses en una covacha pequeña con huecos en las paredes de madera.

Aquí también es “a la libre”. Unos llegan y otros se van del corte. No hay seguro social y el traslado hacia el cafetal es a pie, pues la distancia máxima es de aproximadamente kilómetro y medio.

En Heredia y Alajuela hay muchas fincas ubicadas cerca de ciudades o pueblos, donde los labriegos llegan diario a la recolecta y al final de la jornada, que culmina a las tres o cuatro de la tarde, se regresan al lugar donde viven.

De La Carpio hay muchos nicaragüenses que realizan esta rutina, así como de otros asentamientos como Guiaraí, en Heredia.

FINCAS MODELO

No obstante, en Costa Rica hay productores que valoran el trabajo de los cortadores de café y han mejorado la infraestructura, para hacer más acogedora la estadía de los recolectores.

Uno de ellos es el nicaragüense Alfonso Robelo, propietario de la finca Aquiares, ubicada en Turrialba, al sur del país.

En esta finca hay tres campamentos con capacidad para 360 personas. Son cuartos seguros porque hay sistema de llaves, y hay dos comedores o fondas que son administradas por personas de la comunidad.

Las fondas compiten por la calidad de la comida, pues el precio por el servicio este año es de 700 colones (1.40 dólares), un poco menos de los 800 y 900 colones (1.6 y 1.8 dólares) en que osciló el precio de la cajuela recolectada.

En la finca hay un “bachero” encargado de los campamentos y cada persona que entra en ellos tiene un registro de ingreso y salida, por medio de su documentación o huellas digitales.

También hay cocinas de fogón para las personas o familias que desean hacer su propio alimento y hasta existe una guardería infantil gratis para hijos de recolectores, menores de 12 años, quienes reciben alimentación tres veces al día.

A los recolectores de café se les paga una póliza de seguro, con la cual pueden recibir atención médica pero no dinero por incapacidad, si no es residente de Costa Rica. Eso lo pagan en Aquiares, algo que casi no se ve en el país.

Otra finca o beneficio donde hay buenas condiciones es Sánchez Benavides Agropecuaria, ubicada en Naranjo de Alajuela, al norte de San José.

Allí hay un moderno complejo de cuartos de concreto con baños internos, salas de estar, fondas, teléfonos públicos, área de lavandería, pulpería y hasta un campo de futbol, donde los recolectores se recrean.

AÚN SON NECESARIOS

Los nicaragüenses siguen siendo indispensables para la cosecha cafetalera de Costa Rica, según el director ejecutivo del Icafé, Ronald Peter. “Sin ellos una parte de la cosecha se perdería”, dijo el funcionario.

No obstante, las autoridades aseguran que cada año menos nicas se emplean en esta actividad y su vacío lo han llenado indígenas panameños o costarricenses que han retornado a las labores de recolección.

“Un colectivo importante de nicaragüenses (que estaban en Costa Rica) encontró en la actividad cafetalera una oportunidad para encontrar ingresos. (Este año) se dio una movilidad importante de Nicaragua y la llegada de indígenas panameños, pero de acuerdo con lo que se nos ha informado, muchos trabajadores nacionales retornaron a la actividad”, indicó Ruiz.

“Por razones de empleo la gente tiene que subsistir y retornar a la colecta de café”, añadió.

Para el 2005, el entonces director ejecutivo del Icafe, Juan Bautista Moya, calculó que de las 200 mil personas que el país utilizaba para recolectar la cosecha, el 60 por ciento eran trabajadores inmigrantes (casi todos nicaragüenses).

Para la temporada 2007-2008, Peter calcula que el sector al final empleó entre 120 mil y 140 mil recolectores, el 40 por ciento de ellos extranjeros.

LAS CAUSAS

La disminución de los nicaragüenses en los cafetales tiene varias razones, entre ellas que muchos labriegos se estaban yendo a El Salvador. Otra es que el sector construcción y actividades como la zafra azucarera y la recolecta de melón, captan mano de obra que antes se empleaba en los cafetales, según Peter.

Las zonas costeras de Costa Rica, por ejemplo, está atrayendo más nicaragüenses porque las constructoras pagan mejor y la jornada laboral es de 11 días continuos y cuatro de descanso.

Esta rutina le permite incluso a nicaragüenses que trabajan en la provincia fronteriza de Guanacaste regresar cada once días a Nicaragua.

TODAVÍA SE GANA

Los nicaragüenses que han preferido seguir recolectando, como José Ruiz, quien llegó a Costa Rica junto a su esposa desde Río San Juan para cortar el grano, lo hacen porque el salario es mejor que en Nicaragua.

“No está tan bien. Entre los dos con costo podemos ganar entre diez mil quinientos y 14 mil colones (entre 21 y 28 dólares). Es muy poco porque en tiempo bueno podemos ganar el doble”, dijo Ruiz, mientras trabajaba en una finca de Acosta, al sur de la capital.

“Pero al final algo se gana, porque entre los dos no gastamos 20 dólares de comida a la semana y comiendo bien. Quiere decir que en un día de trabajo ganamos lo que comemos a la semana y el resto es ganancia”, añadió.

El Ministerio de Trabajo fijó para la actual temporada cafetalera en 517 colones (un poco más de un dólar) por cada cajuela recolectada, pero la falta de mano de obra hizo que finqueros elevaran a 700, 800 ó 1,000 colones este pago.

“Sentimos que estamos pagando demasiado, pero si no lo hacemos perdemos la cosecha”, opinó Ruddy Azofeifa, uno de los propietarios de la finca Asoproa.



http://www.laprensa.com.ni/archivo/2008/febrero/20/suplementos/negocios/244194.shtml