miércoles, 14 de mayo de 2008

Café de Cuba

Restauran cafetales de los siglos XVIII y XIX

La Habana, Cuba.- La restauración de los antiguos cafetales franco-haitianos de la Sierra Maestra, en su tramo entre Santiago de Cuba y Guantánamo, construidos entre finales del siglo XVIII y el XIX por colonos y esclavos refugiados en esta abrupta zona, luego de la Revolución de Haití, de 1791, resalta la tenacidad y la técnica de estos emigrados al desarrollar las instalaciones de confortables viviendas y barracones, plantaciones de cafetos, regadíos y caminos entre elevadas montañas e intrincadas selvas tropicales, en esa lejana época.


La noticia del reinicio de estos trabajos de rehabilitación, que al principio de la Revolución se llevaron a cabo por instancias provinciales de Santiago, las que entre otras lograron restaurar la bella casona familiar de La Isabelica y parte de su infraestructura, en el macizo de la Gran Piedra, ahora los continuarán con auspicio de la UNESCO y añadirán actualidad a estos vastos proyectos de investigación histórica, que aquí comprenden unos 250 de estos antiguos cafetales, e igualmente a otros del lomerío selvático de Sierra del Rosario y de los alrededores del río Canímar, en Matanzas.

Las obras reconstructivas en las dos citadas provincias orientales se ejecutan por los especialistas de la Oficina del Conservador de la ciudad santiaguera y de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Oriente, y pretenden que 170 de estos significativos sitios puedan ser visitados por la población y turistas, comenzando por los alrededores de El Caney, que hasta ahora no habían sido estudiados y donde se encuentran los más antiguos, y Ramón de Las Yaguas, Songo-La Maya y las cercanías de Guantánamo, sitios donde se llevan a cabo precisiones arqueológicas y de gran interés patrimonial.

La llamada Ruta del Café, de esta parte oriental y en el occidente de Cuba, al igual que la del Esclavo y del Azúcar, forma parte del complejo histórico caribeño relacionado con la esclavitud africana, lo que conserva un gran valor etnológico, entre otros, para la población de Cuba y otras naciones del área geográfica. Los cafetales de esta zona aportaron combatientes para las guerras libertadoras cubanas de finales del siglo XIX y muchos de sus descendientes, con curiosos apellidos galos, integraron la guerrilla de la Revolución y el vecindario de Santiago de Cuba y Guantánamo, en la vigésima centuria.

También por colonos franceses y otros europeos, se fomentaron cafetos en los lomeríos pinareños más cercanos a la villa de La Habana, por esos años, al igual que en las márgenes originalmente forestadas del matancero río Canimar, por donde se extraían de contrabando cargamentos del aromático grano, rumbo a Estados Unidos. En esta curiosa zona del occidente, absolutamente aislada hasta la construcción de la autopista turística litoral de la Vía Blanca que comunica con la Playa de Varadero, a mediados del siglo XX, se localizan también verdaderos palacios afrancesados e instalaciones cafetaleras.



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