lunes, 6 de julio de 2009

Comercio Justo de café

Apuesta por el comercio justo


Hacen falta compradores en el Norte para que los cafeteros del Sur vivan dignamente

Trabajo con pequeños productores de café que han crecido supeditados a los dictados de la bolsa de Nueva York (donde se fijan los precios del café salvadoreño) y a la picardía de los coyotes (intermediarios que acaparan café a precios irrisorios aprovechando las difíciles circunstancias de los caficultores y que venden a terceros cobrando jugosas comisiones).

El café es un mercado cíclico, con años de buenos precios seguidos de grandes caídas, y donde el pequeño caficultor es el principal sufridor, ya que siente muy directamente los años de vacas flacas y no se beneficia proporcionalmente en los de vacas gordas.

Estar certificado con un sello de comercio justo (CJ) resulta una valiosa alternativa. Los costes de certificación y los requisitos que deben cumplir son elevados, pero el objetivo es aumentar su nivel de vida y que reciban un precio justo por su trabajo, mientras paralelamente se fortalecen como organización.

Solo por estar certificados, los pequeños grupos productores tienen un precio mínimo garantizado que cubre sus costos de producción. Además reciben lo que se llama premio social: un extra que debe, obligatoriamente, ser invertido en beneficio de la comunidad, por ejemplo en el mejoramiento de las calles, suministros para el centro de salud, materiales para la escuelita. Si además el café posee certificación orgánica, el productor también se ve recompensado con un plus. Vale la pena destacar que el manejo orgánico implica un esfuerzo importante y sus beneficios (no erosión del suelo, no contaminación con productos químicos, mantenimiento de los mantos acuíferos, protección de la biodiversidad...) repercuten positivamente en el planeta.

Pero para ello debemos tener compradores de comercio justo. Ahí es donde, como SETEM, apostamos por una sociedad sensibilizada por un consumo responsable. Tenemos que trabajar el cambio de mentalidad, de hábitos de consumo en el Norte, para que el Sur reciba por fin los frutos de su trabajo.

Creo que es un círculo que tenemos que ir cerrando desde ambos lados del charco. La sociedad de consumo de países (supuestamente) desarrollados tiene su parte de responsabilidad, no solo para mejorar las condiciones de vida de los campesinos del Sur, sino también para establecer unas reglas del juego en las que todos salgamos beneficiados.

El comercio justo no es cooperación asistencialista. Es quizá la alternativa mejor ideada (eso no quita que haya mucho que mejorar) para que unos paguen y otros cobren de forma equilibrada.
No hace mucho realicé un taller en las cooperativas de Apecafé para presentar lo que es y lo que implica estar certificados bajo Comercio Justo.

Empezaba preguntando: «¿Qué creen que es esto del comercio justo? ¿A qué lo asocian ustedes?», y respondieron con conceptos como: «Respeto», «oportunidad de desarrollo», «justicia», «responsabilidad», «no explotación», «salario justo», «bienestar de la familia», «reconocer el trabajo de pequeños productores», «oportunidad para exportar»...

Trabajo con la esperanza de que algún día estas mismas palabras las compartan en el Norte personas con la misma sensibilidad.



http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=627034&idseccio_PK=1007&h=