viernes, 28 de agosto de 2009

Café de Colombia

Políticas cafeteras

Quien sea el nuevo gerente de la Federación de Cafeteros, es claro (aunque no lo es para muchos, por desgracia) que la entidad debe estar por encima de la persona, quien ha de seguir ciertas políticas que beneficien,...

...en primer lugar, a nuestros productores. “Los dirigentes pasan, pero las instituciones quedan”, según lo sabemos desde tiempo atrás.

Resulta lamentable, sin embargo, que esas políticas hayan pasado a un segundo plano, precisamente frente a las personas nominadas para tan importante cargo, en el proceso previo a la elección. Poco se dijo al respecto, en verdad. O acaso la culpa fue de los medios informativos, concentrados apenas en el espectáculo, lo sensacional, lo “light”, como ya es usual.

¿Qué se planteó, por ejemplo, sobre la necesidad de seguir mejorando la infraestructura cafetera, en las numerosas fincas que requieren más tecnificación en su producción y un manejo más empresarial, reclamado con insistencia al sector agropecuario en general y en estudios específicos que vaya uno a saber si se quedaron tan solo en letra muerta?

De hecho, la modernización se traduce en aumento de productividad e ingresos, con la correspondiente reducción de los niveles de pobreza que todavía golpean con rigor a numerosos productores, minifundistas en su mayoría. En tal sentido se requiere un uso racional, prudente, con la debida coordinación de los comités regionales del gremio.

Baste un caso: los llamados beneficiaderos o silos, para el lavado más eficiente del grano y su selección, tendrán que distribuirse en forma estratégica, no que proliferen aquí mientras brillan por su ausencia en otros lugares, según hemos tenido oportunidad de comprobarlo en diferentes zonas de cultivo. No podemos cometer otra vez el error.

Y claro, la renovación es tarea prioritaria, cualquiera sea la administración escogida en el Congreso de ayer. Tanto para elevar la productividad y la misma producción, hasta alcanzar una cosecha anual superior, como para garantizar la óptima calidad del grano, el principal factor competitivo que nos permite salir bien librados en el mercado internacional.

Las condiciones del comercio libre nos comienzan ahora a favorecer, por fortuna. Hay más equilibrio entre la oferta y la demanda mundiales, que es lo mejor. Y debido a esto se ha recuperado el precio externo, también con un repunte del interno, que es preciso aprovechar a cabalidad con el avance –insistimos- de los proyectos de infraestructura.

Hay que continuar, sí, con los cafés especiales, cuya demanda es creciente al igual que los ingresos generados como premio a la calidad; con mayor valor agregado, para ganar más; y con proyectos tan exitosos como las Tiendas Juan Valdez o fábricas como la de café liofilizado, ojalá a través de alianzas estratégicas con empresas extranjeras.

La Federación, en últimas, tiene que estar siempre al servicio de los caficultores, lejos de dejarlos a la deriva en asuntos vitales como la educación, la salud, la energía eléctrica, etc., ahora en el marco de la responsabilidad social empresarial que está en boga incluso por parte del Estado, cuya intervención se justifica ahí con creces. Dicho reto es ineludible.



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