viernes, 25 de julio de 2008

Café de Colombia

Catadores resguardan calidad del café de Colombia

MONSERRATE, Colombia (Reuters) - Héctor Balsero saca a relucir su experiencia de 19 años, toma la taza con café recién molido entre sus manos, la frota, la mira, cierra sus ojos y la huele.

Luego le agrega agua caliente, la cata y con sólo la intensa expresión de su rostro trasmite su aprobación o su disgusto.

Balsero es uno de los catadores encargados de viajar por las fincas de Colombia, el tercer mayor productor mundial de café, para escoger los granos que la exportadora en la que trabaja venderá en los mercados internacionales.

En la cata de café los expertos deben definir las propiedades básicas del producto, que son su acidez, cuerpo, aroma, sabor y balance, lo que se traduce en una prima adicional en el precio que pagarán los consumidores.

Este trabajo, que aunque no es nuevo, sí es ejercido por muy pocas personas en este país andino y los que conocen de él no dudan en asociarlo más con un arte que con un oficio.

"Es una cosa parecida al pintor, a usted le pueden enseñar los colores y combinarlos, pero el resto sale de adentro," dijo a Reuters Balsero, de 52 años, cuerpo menudo y pelo canoso, quien acompañó a un grupo de compradores estadounidenses a Monserrate, en las montañas del departamento del Huila, para participar en un pequeño concurso de cata de cafés suaves.

NUEVAS GENERACIONES

La Federación Nacional de Cafeteros, el organismo que regula las exportaciones del grano en el país para mantener su apreciada calidad, tiene solamente 26 profesionales encargados de catar el café que se va a vender en el exterior, en una industria que en Colombia involucra a cerca de 2,5 millones de personas.

El trabajo es duro, si se tiene en cuenta que este país andino exporta unos 10,5 millones de sacos de café de 60 kilos por año, por lo que los catadores pueden llegar a probar hasta 400 tasas de café al día en los puertos de embarque.

El talante de Balsero quedó demostrado en mayo pasado, cuando una de las tres muestras escogidas por su grupo y enviadas por Racafé, la exportadora en la que trabaja, obtuvo en mayo pasado el premio de Café del Año por parte de la Asociación Americana de Cafés Especiales, en Minneapolis.

En la cata del café los expertos logran encontrar cerca de 800 compuestos, por lo que es normal escuchar durante las pruebas que saben o huelen a hierbas, frutas, arroz, maní, mantequilla y hasta tierra, entre otros.

Actualmente, la organización no gubernamental ACDI VOCA, que opera recursos de la agencia estadounidense USAID en proyectos de sustitución de cultivos ilícitos por cafés especiales, tiene un programa de entrenamiento para formar a algo más de un centenar de personas en el oficio.

"Tratamos de que el productor sepa catar. Los jóvenes hijos de los caficultores se están interesando en esto de la catación," dijo Eduardo Libreros, subdirector de ACDI VOCA.

"Encuentran que su vocación es quedarse en su zona cafetera trabajando, pero no necesariamente entre las matas sino haciendo otras cosas," agregó.

En esta nueva generación de catadores de café está William Ceballos, un cultivador de la región de Monserrate, de 30 años, quien fue enviado a Long Beach, Florida, para recibir el curso de instructores norteamericanos.

"Ver reflejado el trabajo que hemos hecho en nuestros cultivos, verlo reflejado en una taza de café es muy placentero, sentir las características, el perfil del café y poder admirar las calidades con las que contamos en la región," concluyó el nuevo experto.



http://lta.reuters.com/article/domesticNews/idLTAN2341275920080724?sp=true