domingo, 1 de marzo de 2009

Café de Colombia

Los arhuacos entraron en la industria cafetera con un producto orgánico

Donde el café se cultiva bajo la sombra del guamo

Se reunieron un día de 1995 en un templo sagrado que ellos, los indígenas arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta, llaman kankurwas. Estaba Aurora María Izquierdo, integrante de esa comunidad, acompañada de los mamos —los orientadores espirituales. Comenzaron la ceremonia cerrando los ojos, tomándose de las manos, inclinando la cabeza primero hacia el suelo y luego mirando a las alturas. El ritual no tenía otro objetivo que despojarse de las malas energías. Luego uno de los mamos tomó la palabra. Sereno, con voz pausada, le dijo a Aurora que las autoridades arhuacas ya habían tomado una decisión, que le permitían utilizar los recursos naturales de sus tierras para que le diera vida a su proyecto de sembrar café orgánico, que recibiría el nombre de Anei: ‘delicioso’, en arhuaco. Ella sólo pudo dar unas gracias eternas.

La autorización llegó dos años después de que Aurora les hablara de esta idea, que sería también su tesis para graduarse como agrónoma de la Universidad Nacional de Colombia en Bogotá. Los mamos temían que la producción de café en grandes cantidades trajera tantas riquezas y tanto dinero y tanto poder que llegara a contaminar a la comunidad y a sus leyes espirituales.

La fundadora

La primera vez que Aurora se subió a un carro fue a los 11 años. Se mareó, sintió que el mundo daba vueltas y que la Sierra Nevada, la tierra en la que nació, era más lejos de lo que nunca había imaginado. Iba rumbo a Valledupar, a internarse en la escuela Normal María Inmaculada. Iba ella, su hermana mayor y otras 20 niñas arhuacas, de la parcialidad Yewrwa, que fueron llevadas hasta allí por un misionero capuchino colombiano. Cuenta Aurora que ellas eran las primeras mujeres arhuacas que salían de sus casas a estudiar.



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